México negocia alivio arancelario con EU: acero, aluminio y autos entran en fase decisiva
La propuesta contempla aplicar descuentos por contenido regional, pero aún no existe un acuerdo formal entre ambos gobiernos.

México asegura estar cerca de conseguir mejores condiciones comerciales para tres industrias estratégicas de su relación con Estados Unidos. Las conversaciones buscan una reducción significativa de los aranceles al acero y aluminio, además de un trato preferencial para los vehículos mexicanos que podría colocar la tarifa automotriz en 15% antes de aplicar descuentos relacionados con el contenido regional, de acuerdo con información presentada por la Secretaría de Economía.
El subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez, explicó desde Estados Unidos que las negociaciones han avanzado en sus componentes técnicos y que el Gobierno mexicano espera resultados en el corto plazo. El funcionario participó a distancia en el XXIV Congreso Internacional de la Industria Automotriz en México, organizado por la Industria Nacional de Autopartes.
El acero y el aluminio constituyen uno de los puntos más sensibles. Estados Unidos mantiene medidas comerciales bajo la Sección 232, instrumento utilizado por Washington con argumentos de seguridad nacional. México busca reducir el impacto de esas tarifas sobre sus exportaciones y mejorar las condiciones de acceso para productores que dependen estrechamente del mercado estadounidense.
La negociación automotriz podría tener un efecto todavía mayor debido al nivel de integración existente entre ambos países. La propuesta mexicana pretende conseguir una tarifa base de 15%, similar al tratamiento alcanzado por otros socios comerciales de Estados Unidos, y posteriormente aplicar un descuento relacionado con el Valor de Contenido Regional y el cumplimiento de las reglas de origen.
Representantes de la industria automotriz estiman que, bajo esa fórmula, el arancel efectivo para determinados vehículos podría ubicarse entre 4% y 5%, dependiendo del porcentaje de componentes originarios de Estados Unidos incorporados en cada unidad. No significa que todos los automóviles mexicanos pagarían automáticamente esa tasa: el resultado dependería de las características y contenido regional de cada vehículo.
Actualmente, los automóviles que cumplen las reglas correspondientes del T-MEC reciben un tratamiento distinto sobre la proporción estadounidense incorporada en el vehículo. Conseguir una tarifa base menor ampliaría esa ventaja y reduciría los costos que enfrentan los fabricantes establecidos en México para colocar unidades en su principal mercado exterior.
El sector tiene razones para seguir de cerca las conversaciones. Estados Unidos absorbe alrededor de ocho de cada diez vehículos ligeros que México exporta, por lo que cualquier modificación arancelaria puede afectar directamente las decisiones de producción, inversión y proveeduría de las plantas instaladas en territorio mexicano.
Las autopartes representan otro punto clave y, hasta ahora, las señales son más favorables. Gutiérrez afirmó que no existe actualmente una negociación para incrementar sus aranceles, algo particularmente relevante para México debido a la profundidad de las cadenas productivas construidas con Estados Unidos durante décadas.
El funcionario también indicó que no están sobre la mesa modificaciones a las reglas de origen ni a los niveles de contenido regional aplicables al sector para conservar los beneficios comerciales. Mantener estas disposiciones proporciona certidumbre a fabricantes y proveedores antes de la revisión del T-MEC, programada para 2026.
La industria mexicana de autopartes tiene una posición estratégica dentro de Norteamérica. Estados Unidos constituye su principal destino y numerosas piezas cruzan la frontera varias veces durante los procesos de fabricación antes de convertirse en un vehículo terminado. Un aumento de tarifas podría, por lo tanto, extenderse a diferentes etapas de una misma cadena de producción.
Las conversaciones ocurren además en un momento determinante para el T-MEC, cuya revisión conjunta representa una de las negociaciones económicas más importantes para México, Estados Unidos y Canadá. Automóviles, acero, aluminio, reglas de origen, inversión y cadenas regionales de suministro forman parte del entorno comercial que rodea este proceso.
Aunque Economía habla de avances importantes, todavía no existe un acuerdo final anunciado que garantice las nuevas tarifas. La diferencia es fundamental: las tasas planteadas forman parte de una negociación en curso y deberán quedar formalizadas por ambos gobiernos antes de que las empresas puedan incorporarlas a sus operaciones.
Para México, conseguir una reducción significaría proteger una de sus mayores ventajas comerciales: la integración manufacturera con Estados Unidos. Para Washington, cualquier acuerdo tendrá que conciliar esa relación productiva con su política de protección a industrias consideradas estratégicas.
Las próximas semanas serán decisivas. Si las conversaciones se traducen en un acuerdo formal, acero, aluminio y automóviles podrían entrar a una nueva etapa comercial con menores costos para los exportadores mexicanos. Hasta entonces, el avance anunciado por Economía representa una señal favorable para la industria, pero no todavía una modificación efectiva de los aranceles.

