México enfrenta presión digital: tiene solo 38% del espectro requerido para la nueva demanda
AT&T México advierte que el país cuenta con alrededor de 645 MHz concesionados frente a una referencia de 1,700 MHz para escenarios de alta demanda.

México enfrenta una brecha que podría convertirse en uno de los principales obstáculos para el crecimiento de su economía digital. Mientras el consumo de datos se dispara impulsado por 5G, inteligencia artificial, servicios en la nube, video y dispositivos conectados, el país dispone de alrededor de 645 MHz de espectro concesionado, apenas 38% de una referencia cercana a los 1,700 MHz para escenarios de alta demanda.
La advertencia fue planteada por Mónica Aspe, directora general de AT&T México, durante el México Digital Summit 2026. Su mensaje colocó el foco en una infraestructura que generalmente permanece fuera de la vista del usuario, pero que sostiene actividades tan diversas como banca digital, comercio electrónico, aplicaciones móviles, transporte, industria automatizada y servicios públicos.
"La infraestructura digital ya no es solamente una industria, es infraestructura habilitadora para prácticamente todas las demás industrias", señaló la ejecutiva. La comparación que plantea el sector es cada vez más directa: las telecomunicaciones comienzan a desempeñar para la economía digital un papel similar al que tienen la electricidad, las carreteras o el suministro de agua para las actividades tradicionales.
El problema es que la demanda está creciendo mucho más rápido que los recursos destinados a ampliar las redes. Según las cifras presentadas por Aspe, entre 2016 y 2023 el tráfico mundial de datos por usuario se multiplicó nueve veces, mientras la inversión anual global en infraestructura de telecomunicaciones pasó de aproximadamente 185 mil millones a 205 mil millones de dólares.
Esto representa un crecimiento cercano a 11% en inversión frente a una expansión extraordinariamente superior en el tráfico, una diferencia que aumenta la presión sobre los operadores para instalar más fibra, antenas y radiobases, además de invertir en software, seguridad, centros de datos y capacidad de procesamiento.
La llegada de 5G profundiza ese desafío. Las generaciones anteriores muestran cómo una infraestructura inicialmente diseñada para determinados servicios termina sosteniendo negocios que todavía no existían cuando comenzaron las inversiones. El 3G permitió mucho más que correo electrónico y navegación móvil; posteriormente aparecieron ecosistemas completos de aplicaciones y pagos digitales.
Con 4G ocurrió algo similar. La mayor velocidad y capacidad facilitaron la expansión del video móvil, servicios de transporte por aplicación, entregas a domicilio, geolocalización y comercio electrónico. Ahora 5G abre el camino a automatización industrial, Internet de las Cosas, procesamiento avanzado e inteligencia artificial, mientras la industria internacional ya trabaja en las bases tecnológicas de 6G.
"La innovación que celebramos es el resultado visible de una inversión invisible en redes que ocurrió antes", resumió Aspe.
En México existe además un problema particular: el costo del espectro radioeléctrico. Para las empresas de telecomunicaciones, las frecuencias son indispensables para proporcionar servicios móviles, pero los derechos asociados con su utilización representan una parte importante de sus costos.
Aspe sostuvo que México cuenta actualmente con aproximadamente 645 MHz de espectro concesionado, frente a una referencia de alrededor de 1,700 MHz que utilizó durante su presentación para escenarios de mayor demanda. Bajo esa comparación, el país dispone de alrededor del 38% del nivel señalado.
La discusión no se limita a conseguir más frecuencias. El sector lleva años señalando que los elevados costos asociados al espectro pueden reducir los recursos disponibles para construir infraestructura. Aspe sintetizó esa presión con una frase: "Cada peso que se va a pagar los derechos es un peso que no se va a comprar una antena".
En este contexto, la reducción de aproximadamente 12% en determinados derechos de espectro planteada para 2027 fue considerada por la directiva como un primer avance, aunque sostuvo que México todavía mantiene una diferencia importante frente a referencias internacionales.
Una alternativa consiste en transformar parte del valor económico de las frecuencias en obligaciones concretas de cobertura. En lugar de destinar todos los recursos al pago por el espectro, los operadores podrían asumir compromisos para instalar infraestructura en carreteras, comunidades rurales y regiones donde desplegar una red no resulta comercialmente rentable.
El debate será cada vez más relevante porque la inteligencia artificial no funciona únicamente dentro de grandes centros de datos. Muchas de sus aplicaciones necesitarán transportar cantidades crecientes de información entre teléfonos, sensores, vehículos, empresas, fábricas y servicios en la nube. Sin conectividad suficiente, parte de esa innovación podría quedar concentrada en las zonas que ya cuentan con mejor infraestructura.
El reto mexicano, por tanto, no consiste solamente en anunciar nuevas generaciones móviles. Será necesario combinar más espectro, inversión privada, fibra óptica, antenas, cobertura y reglas que permitan financiar la expansión de las redes.
La siguiente batalla de la economía digital podría desarrollarse precisamente allí: detrás de cada aplicación de inteligencia artificial, vehículo conectado o fábrica automatizada habrá una red que tendrá que absorber cantidades de información cada vez mayores. México deberá decidir cuánto invertir y cómo distribuir ese costo antes de que la demanda tecnológica avance más rápido que la infraestructura disponible.

