La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, plantea fortalecer
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, plantea fortalecer el hábito de leer y, al mismo tiempo, consolidar el ecosistema que reúne a autores, editoriales, librerías, distribuidores, bibliotecas y lectores. Secretaría de Cultura

La política cultural de México busca colocar nuevamente al libro y la lectura como herramientas centrales para ampliar el acceso a la cultura, pero con una estrategia que no se limite a promover el hábito lector. La Secretaría de Cultura plantea fortalecer también el ecosistema que permite que una obra sea escrita, publicada, distribuida y finalmente llegue a los lectores.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, ha colocado el fortalecimiento de la lectura y del sector editorial entre las prioridades de su gestión. El planteamiento parte de una idea amplia: aumentar el número de lectores requiere también fortalecer las condiciones en las que circulan los libros y participan autores, editoriales, librerías, bibliotecas y otros actores culturales.

En enero pasado, la dependencia federal instaló el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura, organismo contemplado en la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro y concebido como un espacio de coordinación para impulsar políticas públicas relacionadas con el acceso a los libros y el desarrollo de comunidades lectoras.

La creación de este espacio forma parte de una estrategia que busca consolidar lo que la Secretaría de Cultura ha denominado una "República Lectora", con el propósito de llevar los libros a más lugares del país y ampliar las posibilidades de acceso a la lectura. La intención es que el acercamiento a los libros no quede concentrado en las grandes ciudades o en los espacios culturales tradicionales.

El desafío también tiene una dimensión económica. El sector editorial depende de una cadena en la que participan escritores, ilustradores, correctores, diseñadores, traductores, editores, impresores, distribuidores, librerías y bibliotecas. Cualquier política que busque aumentar la lectura necesita considerar las condiciones de todos esos participantes.

Curiel ha planteado precisamente que el desarrollo cultural no depende únicamente de aumentar los recursos disponibles, sino de mejorar su distribución, circulación y gestión. En el caso del libro, esa visión implica buscar mecanismos que permitan que las obras tengan mayor presencia y que los esfuerzos de promoción lleguen efectivamente a los lectores.

La estrategia adquiere relevancia en un momento en que el acceso a contenidos culturales se ha transformado por la expansión de las plataformas digitales. El libro físico continúa siendo una pieza fundamental del sector, pero convive con nuevas formas de lectura y distribución que obligan a editoriales e instituciones culturales a ampliar sus estrategias.

El reto, por tanto, no consiste únicamente en publicar más títulos. También implica conseguir que los libros circulen, que existan espacios donde puedan encontrarse y que niños, jóvenes y adultos tengan oportunidades reales de acercarse a ellos.

Las bibliotecas tienen un papel fundamental dentro de este esquema. Son espacios capaces de acercar los libros a comunidades donde una librería puede no existir y pueden convertirse en puntos de encuentro para actividades de lectura, escritura y formación. El fortalecimiento de estos espacios puede ampliar considerablemente el alcance de una política nacional de fomento lector.

La Secretaría de Cultura también busca que la promoción de la lectura tenga una dimensión territorial. Llevar libros a distintas regiones significa atender las diferencias entre grandes centros urbanos y comunidades rurales, así como reconocer la diversidad lingüística y cultural del país.

En ese escenario, fortalecer el ecosistema editorial significa también ampliar la diversidad de voces que llegan al público. Autores de distintas regiones, lenguas y contextos pueden encontrar mayores posibilidades de publicación y circulación cuando existen políticas capaces de conectar la creación literaria con lectores de todo el país.

La apuesta de Cultura se mueve así en dos direcciones que deben avanzar juntas: formar lectores y fortalecer las condiciones para que esos lectores encuentren libros. Sin una oferta accesible y diversa, las campañas de lectura tienen un alcance limitado; sin nuevos lectores, el ecosistema editorial también pierde dinamismo.

El objetivo planteado por Claudia Curiel coloca al libro más allá de su dimensión comercial. Se trata de considerarlo como una herramienta de educación, pensamiento, imaginación y participación cultural.

La consolidación de una República Lectora dependerá ahora de que estos planteamientos se traduzcan en programas permanentes, mayor circulación de libros, fortalecimiento de bibliotecas y mejores condiciones para los distintos actores del sector editorial.

México enfrenta así un reto que va mucho más allá de conseguir que una persona abra un libro. La apuesta consiste en construir las condiciones para que leer sea una posibilidad cotidiana, accesible y cercana para millones de personas, al tiempo que se fortalece toda la cadena cultural que hace posible que los libros lleguen hasta ellas.