El Cerro del Chiquihuite entra bajo vigilancia por el riesgo geológico en sus laderas
Los trabajos de campo buscan conocer las características geológicas y estructurales de las laderas del Cerro del Chiquihuite y mejorar la prevención en las zonas habitadas. Las autoridades trabajan con comunidades de la Ciudad de México y del Estado de México para fortalecer la comunicación ante posibles movimientos del terreno.

Durante los recorridos, especialistas del IPN explicaron a los habitantes cómo se analizan las características geomorfológicas y estructurales del cerro.
Estos estudios permiten conocer aspectos relacionados con la composición, configuración y comportamiento del terreno, información que resulta fundamental para identificar sectores que podrían presentar mayor vulnerabilidad ante fenómenos como deslizamientos o desprendimientos.
La investigación forma parte de una estrategia de prevención que busca convertir la información científica en herramientas útiles para las autoridades y para las personas que viven en las inmediaciones del cerro.
Las comunidades también participan
Uno de los aspectos destacados del proyecto es que las autoridades no están realizando los estudios únicamente desde el ámbito técnico.
Como parte de las primeras actividades se realizaron reuniones informativas con habitantes y autoridades tradicionales de la zona. Durante estos encuentros se explicaron los objetivos del proyecto y las actividades que desarrollarán los especialistas.
También se establecieron mecanismos de comunicación entre las instituciones involucradas y las comunidades para que la población pueda conocer los resultados de las investigaciones y las recomendaciones de prevención.
La estrategia incluye a habitantes de barrios como San Juan y Guadalupe Ticomán y La Candelaria Ticomán, entre otros sectores vinculados con la zona de estudio.
Un territorio que ya ha registrado problemas de ladera
La zona tiene antecedentes de movimientos de terreno. En septiembre de 2021 ocurrió un desprendimiento en la colonia Lázaro Cárdenas, en Tlalnepantla, Estado de México, que puso en evidencia la vulnerabilidad de algunas áreas habitadas en las inmediaciones del cerro.
Ese antecedente explica en buena medida por qué las autoridades consideran necesario profundizar en el conocimiento de las condiciones geológicas de las laderas.
Además, investigaciones académicas anteriores ya habían estudiado la relación entre las características volcánicas del cerro, la expansión de los asentamientos humanos y la construcción del riesgo de deslizamientos.
El riesgo no significa que exista una emergencia
Que el Cerro del Chiquihuite esté siendo estudiado no significa que las autoridades hayan declarado una emergencia ni que exista actualmente una orden general de evacuación.
El proyecto tiene un carácter preventivo. Ya que, la intención es identificar con mayor precisión las condiciones del terreno, establecer zonas prioritarias y mejorar la comunicación con las personas que viven en las laderas.
En materia de protección civil, estudiar una zona de riesgo antes de que ocurra un desastre permite desarrollar medidas de prevención y reducir las posibles consecuencias de un fenómeno natural.
Trabajo coordinado entre Ciudad de México y Estado de México
El estudio requiere coordinación porque el Cerro del Chiquihuite se encuentra en una zona que tiene relación territorial con la alcaldía Gustavo A. Madero, en Ciudad de México, y Tlalnepantla, en el Estado de México.
Por ello participan diferentes instituciones y autoridades de ambos territorios.
En las actividades se han involucrado representantes de Protección Civil de Gustavo A. Madero, autoridades de Tlalnepantla, especialistas del IPN y áreas relacionadas con la conservación de la Sierra de Guadalupe.
Esta coordinación permite que la información obtenida por los especialistas pueda ser utilizada para diseñar estrategias de prevención que involucren a las comunidades de ambos lados del territorio.
La ciencia como herramienta para prevenir desastres
El proyecto también demuestra la importancia de utilizar estudios científicos para enfrentar riesgos urbanos.
Las ciudades mexicanas han crecido hacia zonas de montaña y laderas, en muchos casos con asentamientos que se encuentran en terrenos geológicamente complejos.
En el caso del Chiquihuite, investigaciones académicas han señalado que la combinación entre las características naturales del terreno y la ocupación urbana puede aumentar la vulnerabilidad ante movimientos de ladera.
Por eso, conocer el comportamiento del terreno es esencial para determinar qué medidas deben adoptarse y qué sectores necesitan mayor atención.
¿Qué sigue después de los primeros recorridos?
Los trabajos actuales corresponden a una etapa de investigación y reconocimiento del territorio.
Los especialistas deberán continuar recopilando información sobre las condiciones de las laderas para posteriormente establecer conclusiones que permitan a las autoridades determinar las zonas que requieren mayor vigilancia y prevención.
La información también deberá servir para mejorar los mecanismos de comunicación con los habitantes.
La finalidad es que las comunidades conozcan los riesgos de su entorno, sepan identificar posibles señales de alerta y tengan mayor capacidad de respuesta ante una eventual emergencia.
Una alerta preventiva, no una emergencia declarada
El inicio de estos estudios vuelve a poner al Cerro del Chiquihuite en el centro de la atención de las autoridades, pero el mensaje debe entenderse correctamente.
No se trata de una alerta por un derrumbe inminente. Se trata de una acción preventiva que busca conocer mejor el terreno y reducir la vulnerabilidad de las comunidades asentadas en sus laderas.
La experiencia de años anteriores, los antecedentes de movimientos de tierra y las características geológicas de la zona hacen necesario mantener una vigilancia permanente.
La apuesta de las autoridades y los investigadores es precisamente esa: estudiar el riesgo antes de que se convierta en desastre mayor.
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