”Es absurdo”: Sheinbaum rechaza apoyo a una intervención militar de EU en México
La presidenta cuestionó un sondeo difundido por un exfuncionario de la DEA que reportó 89% de apoyo, aunque no documentó muestra ni representatividad nacional.

CIUDAD DE MÉXICO.— La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó este lunes 14 de septiembre la idea de que México respalde una intervención militar de Estados Unidos para combatir al crimen organizado y calificó de absurdo presentar ese escenario como una postura apoyada por la población mexicana.
La declaración se produjo después de que Derek Maltz, quien fue administrador interino de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) durante parte de 2025, difundiera en redes sociales los resultados de un sondeo publicado originalmente por Simón Levy.
La encuesta preguntaba a los participantes si estarían dispuestos a permitir que fuerzas especiales estadounidenses ingresaran a México para detener a políticos con órdenes de arresto en Estados Unidos. La imagen difundida reportó 89% de respuestas favorables y 11% en contra.
Maltz utilizó esos resultados para afirmar que una mayoría de mexicanos respaldaría el uso de fuerzas especiales estadounidenses contra políticos señalados por corrupción. Sin embargo, el sondeo difundido en redes no ofrece información pública sobre el tamaño de la muestra, el método de selección de participantes, el margen de error ni su representatividad nacional. Por ello, sus porcentajes no pueden equipararse con los resultados de una encuesta científica de opinión pública.
La respuesta de Sheinbaum volvió a colocar en el centro del debate la diferencia entre la cooperación bilateral contra el narcotráfico y cualquier participación directa de fuerzas estadounidenses en territorio mexicano.
Sheinbaum: cooperación sí, intervención no
La postura de la presidenta mantiene una línea que su gobierno ha planteado en distintos momentos de la relación con Washington: México está dispuesto a compartir información, coordinar operaciones y fortalecer la cooperación en materia de seguridad, pero las acciones dentro del territorio nacional corresponden a las instituciones mexicanas.
En las últimas semanas, autoridades de ambos países han destacado operaciones realizadas a partir del intercambio de inteligencia. Un ejemplo reciente fue el desmantelamiento de tres laboratorios clandestinos de metanfetamina en Guerrero, una operación en la que participaron fuerzas mexicanas y que el embajador estadounidense Ronald Johnson destacó como resultado de la coordinación entre ambos gobiernos.
El propio Omar García Harfuch ha señalado recientemente que el intercambio de información con agencias estadounidenses permite fortalecer las operaciones contra organizaciones criminales. Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas han sostenido que la ejecución de esas acciones corresponde a las instituciones nacionales.
Ese modelo de cooperación es distinto de permitir que unidades militares o fuerzas especiales extranjeras operen directamente en México.
El mensaje de Maltz y el debate que provocó
El exfuncionario estadounidense ha mantenido en las últimas semanas una actividad constante en redes sociales sobre la situación de seguridad en México. También ha pedido públicamente que las autoridades mexicanas actúen contra funcionarios señalados en investigaciones estadounidenses y ha llamado a fortalecer la cooperación contra las organizaciones criminales.
En agosto, Maltz dirigió públicamente mensajes al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, relacionados con el caso del gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya. También ha difundido contenidos sobre investigaciones estadounidenses contra funcionarios mexicanos.
El episodio más reciente llevó la discusión a un terreno distinto: ya no se trató únicamente de cooperación policial o intercambio de inteligencia, sino de la posibilidad de que fuerzas estadounidenses ingresaran a territorio mexicano.
La publicación cobró relevancia porque apareció en un momento de presión constante de Washington sobre México para que aumente sus resultados contra los cárteles y el tráfico de drogas.
El antecedente de Terry Cole
La polémica también se produce después de declaraciones del actual administrador de la DEA, Terry Cole, quien en agosto habló públicamente sobre la cooperación con México y sobre presuntos vínculos entre integrantes de organizaciones criminales y funcionarios mexicanos.
Cole señaló entonces que mantiene comunicación con García Harfuch y que las agencias de ambos países continúan intercambiando información para combatir a las organizaciones criminales. Al mismo tiempo, fue cuestionado sobre la posibilidad de una operación unilateral estadounidense en territorio mexicano y respondió que cualquier acción dependería de las decisiones del gobierno de Estados Unidos.
La declaración abrió un debate sobre hasta dónde podría llegar la presión estadounidense en materia de seguridad.
Para el gobierno mexicano, la cooperación tiene un límite definido: las instituciones extranjeras pueden colaborar mediante información y coordinación, pero la actuación operativa dentro del país corresponde a las autoridades mexicanas.
La soberanía como eje de la respuesta mexicana
La postura de Sheinbaum se inscribe además en una política exterior que ha colocado la soberanía nacional como uno de sus principales argumentos frente a Washington.
La presidenta ya había utilizado ese mismo planteamiento ante declaraciones y mensajes provenientes de Estados Unidos relacionados con México. En septiembre reiteró que el país es libre, independiente y soberano, y que no aceptará convertirse en colonia o protectorado de otra nación.
La diferencia entre cooperación e intervención es, por tanto, uno de los principales puntos de tensión en la relación bilateral.
México enfrenta una presión considerable por el tráfico de fentanilo, metanfetamina, armas y recursos financieros vinculados con organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera. Estados Unidos, por su parte, considera que la actividad de esos grupos representa una amenaza directa para su seguridad.
Ambos gobiernos han encontrado espacios para trabajar conjuntamente, pero mantienen diferencias sobre quién debe dirigir las operaciones dentro del territorio mexicano.
La encuesta que encendió la discusión
La pregunta publicada por Levy no buscó medir de manera general la opinión de los mexicanos sobre la relación bilateral ni sobre la política de seguridad. Planteó un escenario específico: permitir el ingreso de fuerzas especiales estadounidenses para detener a políticos con órdenes de arresto en Estados Unidos.
La manera en que se formula una pregunta puede influir en la respuesta, especialmente cuando plantea una situación extrema y la vincula con la persecución de políticos acusados de corrupción.
La cooperación continúa
Mientras el debate político se concentra en la intervención, la cooperación entre las agencias de ambos países continúa en el terreno operativo.
En días recientes, autoridades mexicanas han reportado decomisos y desmantelamientos de infraestructura relacionada con la producción de drogas sintéticas, acciones que funcionarios estadounidenses han reconocido públicamente.
El propio Maltz ha difundido mensajes favorables a algunas de esas operaciones mexicanas. En una publicación reciente reconoció acciones encabezadas por García Harfuch contra infraestructura de producción de metanfetamina y destacó la necesidad de coordinación entre ambos países.
Ese contraste es relevante: mientras existe cooperación operativa y reconocimiento a determinadas acciones mexicanas, persiste el debate sobre una posible participación directa de fuerzas estadounidenses. La administración de Sheinbaum busca mantener separados ambos elementos.
Una relación marcada por seguridad y soberanía
El debate sobre una posible intervención militar estadounidense llega en un momento especialmente delicado de la relación bilateral.
Washington mantiene la presión sobre México para contener a los cárteles y frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos. México ha respondido con operaciones propias, intercambio de información y colaboración con agencias estadounidenses, pero también ha establecido límites frente a cualquier acción unilateral dentro del territorio nacional.
La discusión tampoco se limita a los gobiernos. Las declaraciones de funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, las publicaciones en redes sociales y los casos judiciales abiertos en Estados Unidos han incrementado la atención sobre los posibles vínculos entre autoridades mexicanas y organizaciones criminales.
En ese contexto, la respuesta de Sheinbaum busca dejar clara una posición: México puede ampliar la cooperación en seguridad con Estados Unidos, pero no contempla permitir una intervención militar extranjera en su territorio.
La polémica generada por la publicación de Maltz vuelve a colocar ese límite en el centro de la relación bilateral, justo cuando ambos países mantienen una coordinación cada vez más estrecha en inteligencia y combate al narcotráfico.
Por ahora, la cooperación continúa bajo un esquema en el que las autoridades mexicanas realizan las operaciones en territorio nacional y las agencias estadounidenses participan mediante el intercambio de información, inteligencia y coordinación.





















