México y Estados Unidos fortalecen la cooperación en materia de
México y Estados Unidos fortalecen la cooperación en materia de seguridad, con la DEA como uno de los actores clave en la coordinación contra el crimen organizado. @ONDCP

México ha iniciado una nueva etapa de cooperación con la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), después de varios años de tensiones y restricciones en la relación entre la agencia estadounidense y el gobierno mexicano.

El acercamiento se ha desarrollado durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum y tiene como uno de sus principales protagonistas a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, quien ha mantenido reuniones con el actual administrador de la DEA, Terrance Cole.

El cambio representa una modificación respecto a la relación que mantuvo la agencia con el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, periodo en el que México limitó las actividades de agentes extranjeros y redujo los mecanismos de cooperación con la DEA.

Durante el gobierno de Sheinbaum, las autoridades mexicanas han optado nuevamente por fortalecer el intercambio de información de inteligencia con Estados Unidos, particularmente en investigaciones relacionadas con organizaciones criminales, tráfico de drogas y otras actividades vinculadas con la seguridad nacional.

Harfuch, principal enlace con la DEA

García Harfuch se ha convertido en uno de los principales interlocutores de México con la agencia antidrogas estadounidense. De acuerdo con la información publicada por EL PAÍS, el funcionario mexicano sostuvo durante este año dos reuniones en Washington con Terrance Cole.

El director de la DEA también viajó a Ciudad de México para reunirse con García Harfuch. Aunque las autoridades no hicieron públicos todos los detalles de ese encuentro, la reunión confirmó el nuevo nivel de comunicación entre los responsables de seguridad de ambos países.

En agosto, García Harfuch participó además en Argentina en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA. Durante ese encuentro presentó los resultados de la estrategia mexicana contra el crimen organizado y destacó el intercambio de información con la agencia estadounidense.

El funcionario explicó que la comunicación con la DEA se ha vuelto más directa y permite compartir información con mayor rapidez, lo que facilita que las autoridades mexicanas puedan actuar ante investigaciones relacionadas con organizaciones criminales.

La cooperación no se limita a la DEA. En las acciones de seguridad también participan otras dependencias estadounidenses y las instituciones mexicanas encargadas de seguridad, inteligencia, investigación y procuración de justicia. Por esta razón, los resultados generales de la estrategia mexicana no pueden atribuirse exclusivamente a la agencia antidrogas estadounidense.

Un cambio después del conflicto por el caso Cienfuegos

La relación entre México y la DEA comenzó a deteriorarse durante el gobierno de López Obrador, especialmente después de la detención en Estados Unidos del general Salvador Cienfuegos, quien había sido secretario de la Defensa durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Cienfuegos fue detenido en Estados Unidos en octubre de 2020 a petición de autoridades estadounidenses, acusado de presuntos vínculos con organizaciones dedicadas al narcotráfico. Posteriormente fue trasladado a México, donde la Fiscalía General de la República determinó no ejercer acción penal en su contra.

El caso provocó un fuerte cuestionamiento del gobierno mexicano hacia los métodos utilizados por las autoridades estadounidenses y contribuyó al deterioro de la relación con la DEA.

Posteriormente, López Obrador impulsó cambios legales para limitar las actividades de agentes extranjeros en territorio mexicano. Además, el gobierno mexicano cerró una unidad de inteligencia de la DEA que llevaba años operando en México y que estaba dedicada al intercambio de información relacionada con investigaciones contra el narcotráfico.

El distanciamiento aumentó durante los últimos años del sexenio de López Obrador, mientras la DEA continuaba difundiendo información sobre la actividad de organizaciones criminales mexicanas, particularmente el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

La cooperación vuelve a tomar fuerza

Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia, la relación comenzó a modificarse. Aunque la mandataria ha insistido en que cualquier cooperación con Estados Unidos debe realizarse respetando la soberanía mexicana, su gobierno ha permitido una comunicación más constante entre las instituciones de seguridad de ambos países.

La propia presidenta ha marcado distancia frente a cualquier posibilidad de subordinación a Washington. En días recientes reiteró que México busca mantener una buena relación con Estados Unidos basada en la cooperación, pero sin renunciar a su soberanía.

El nuevo escenario también coincide con una intensificación de las operaciones contra organizaciones criminales en territorio mexicano.

De acuerdo con las cifras presentadas por García Harfuch en agosto, durante los casi dos primeros años del gobierno de Sheinbaum se han detenido alrededor de 63 mil personas, asegurado 33 mil armas, destruido 2 mil 700 laboratorios clandestinos e incautado 518 toneladas de drogas.

México también ha entregado a Estados Unidos 92 objetivos prioritarios mediante mecanismos especiales de traslado. Entre ellos se encuentran personas señaladas por las autoridades mexicanas como integrantes o dirigentes de distintas organizaciones criminales.

El intercambio de inteligencia, una pieza central

Uno de los aspectos que distingue la nueva etapa es la velocidad con la que se comparte información entre las instituciones de seguridad.

García Harfuch ha señalado que la comunicación con la DEA permite reducir los tiempos de intercambio de información que anteriormente podían retrasar las investigaciones. Esa coordinación ha sido utilizada en operaciones contra organizaciones criminales y en la identificación de objetivos considerados prioritarios por las autoridades.

Uno de los casos recientes fue el aseguramiento de alrededor de 16 toneladas de metanfetamina en Sinaloa, operativo en el que la DEA afirmó que su trabajo de investigación e inteligencia contribuyó a la operación. Las autoridades mexicanas, por su parte, han destacado el trabajo de sus propias instituciones en el aseguramiento.

El acercamiento también se produce en un momento en el que México y Estados Unidos enfrentan intereses comunes relacionados con el tráfico de fentanilo, drogas sintéticas, armas y las actividades de organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera.

Una cooperación con límites marcados por México

Aunque la colaboración con la DEA se ha fortalecido, el gobierno de Sheinbaum mantiene una posición definida sobre los límites de esa relación.

La presidenta ha cuestionado en distintas ocasiones cualquier actuación estadounidense que pueda interpretarse como injerencia en asuntos internos de México y ha insistido en que la cooperación debe respetar la soberanía nacional. Esa posición quedó nuevamente expuesta después de que funcionarios estadounidenses destacaran públicamente el trabajo de García Harfuch.

El resultado es una relación diferente a la que existió durante el gobierno anterior: México ha vuelto a utilizar los canales de cooperación con la DEA, pero busca mantener el control de las operaciones realizadas dentro de su territorio y establecer mecanismos de intercambio de información bajo sus propias condiciones.

La nueva relación entre México y la agencia antidrogas estadounidense representa así un cambio significativo en la política de seguridad bilateral. Después de años de restricciones y desencuentros, ambos gobiernos han vuelto a colocar la cooperación de inteligencia como una herramienta para combatir el tráfico de drogas y las organizaciones criminales.