México protege su ”oro verde”: Sheinbaum acuerda nuevas reglas para asegurar exportaciones de aguacate a EU
El Gobierno federal y los productores exportadores también se comprometieron a evitar la deforestación y proteger el acceso al mercado estadounidense.

El aguacate mexicano entra en una nueva etapa. El Gobierno federal y los productores exportadores alcanzaron dos acuerdos para reforzar la sanidad, evitar la deforestación y mejorar las condiciones laborales en una industria que genera alrededor de 3 mil 500 millones de dólares anuales en exportaciones, principalmente hacia Estados Unidos.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció los acuerdos tras reunirse con representantes de la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM), organización que agrupa a buena parte de la cadena encargada de colocar el fruto mexicano en el mercado estadounidense.
El objetivo principal es proteger un negocio que se ha convertido en uno de los motores agrícolas del país. México es el principal proveedor de aguacate de Estados Unidos, y Michoacán concentra buena parte de la producción destinada al exterior, mientras Jalisco ha ganado terreno como segundo estado mexicano autorizado para exportar directamente a ese mercado.
Pero mantener abierta esa puerta comercial exige mucho más que producir grandes cantidades. Estados Unidos mantiene estrictos controles fitosanitarios para evitar la entrada de plagas, por lo que cualquier problema sanitario puede traducirse en revisiones adicionales, restricciones o afectaciones para productores y empacadores.
Por eso, uno de los ejes de los nuevos acuerdos será reforzar la sanidad y trazabilidad del aguacate, permitiendo conocer con mayor precisión de dónde procede el producto y bajo qué condiciones fue cultivado, empacado y preparado para exportación.
El segundo frente es ambiental. El crecimiento de las plantaciones de aguacate ha colocado bajo mayor vigilancia la relación entre producción agrícola y pérdida de zonas forestales. Sheinbaum aseguró que existe un compromiso con los productores para evitar la deforestación asociada a la expansión de los cultivos.
La medida tiene especial importancia en Michoacán, donde conviven extensas zonas productoras con áreas forestales de alto valor ambiental. Para la industria, demostrar que el aguacate exportado cumple criterios ambientales puede convertirse además en un elemento cada vez más importante para conservar mercados internacionales.
El acuerdo también coloca a los trabajadores en el centro de la discusión. El Gobierno busca que la fortaleza económica del sector vaya acompañada de mayor seguridad laboral y cumplimiento de las obligaciones correspondientes para quienes trabajan en huertas, empaques y otras etapas de la cadena.
No se trata de un sector pequeño. Miles de familias dependen directa o indirectamente de la producción, corte, selección, empaque, transporte y comercialización del fruto. La APEAM sostiene que una parte importante de esa estructura está integrada por pequeños productores de Michoacán y Jalisco.
Su presidente, Raúl Martínez, señaló que las nuevas acciones pueden ayudar a dar mayor estabilidad a una industria que durante aproximadamente tres décadas ha construido una fuerte presencia en Estados Unidos.
Ahora comienza una etapa decisiva: conseguir que las disposiciones lleguen hasta los productores. Sheinbaum anunció una campaña de difusión para explicar los acuerdos y los requisitos que deberán atender quienes participan en la cadena exportadora.
La estrategia busca evitar que las nuevas exigencias permanezcan únicamente en documentos oficiales. Su efectividad dependerá de que productores, empacadores y trabajadores conozcan las reglas y puedan aplicarlas sin poner en riesgo la actividad de las unidades productivas más pequeñas.
El tamaño del mercado explica la urgencia. El aguacate mexicano está presente en millones de hogares estadounidenses y registra picos extraordinarios de demanda alrededor de eventos como el Super Bowl, cuando el guacamole se convierte en uno de los productos más consumidos durante la jornada deportiva.
Ese éxito también ha aumentado la responsabilidad sobre la cadena productiva. Mantener un mercado valuado en alrededor de 3,500 millones de dólares anuales requiere garantizar que el producto pueda rastrearse, cumpla las condiciones sanitarias y no quede asociado a prácticas ambientales o laborales que puedan convertirse en obstáculos comerciales.
Con los dos nuevos acuerdos, México intenta blindar precisamente esos puntos. El reto será transformar los compromisos en resultados verificables en las huertas y centros de empaque de Michoacán y Jalisco.
Para miles de productores, lo que está en juego va mucho más allá de una nueva regulación: es conservar abierta la puerta del principal mercado del aguacate mexicano y proteger una industria multimillonaria de la que dependen numerosas comunidades rurales.

