México mantiene inflación energética de 0.9%
México registró una inflación energética de solo 0.9% en agosto, frente al 13.6% de la OCDE. Los estímulos fiscales ayudaron a contener los combustibles en medio del encarecimiento internacional. Chatgtp/IBTimes México

México registró en agosto de 2026 una inflación energética anual de apenas 0.9%, frente al promedio de 13.6% observado entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en un escenario internacional marcado por el encarecimiento de los combustibles y otras fuentes de energía.

De acuerdo con el informe de precios al consumidor publicado por la OCDE el 6 de octubre, la inflación energética promedio del organismo aumentó dos puntos porcentuales respecto de julio, mientras que México presentó una disminución de 1.2% a 0.9% durante el mismo periodo.

La diferencia de 12.7 puntos porcentuales respecto al promedio internacional refleja un comportamiento distinto al observado en buena parte de las economías desarrolladas, donde el incremento de los costos energéticos ha contribuido a elevar los precios de bienes y servicios.

Uno de los factores que ha influido en el mercado mexicano es la aplicación de estímulos fiscales por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), principalmente mediante reducciones temporales del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que se cobra a las gasolinas y al diésel.

Este mecanismo permite disminuir la carga tributaria sobre determinados combustibles cuando las autoridades consideran necesario amortiguar las variaciones de sus precios. Los porcentajes de estímulo se actualizan periódicamente y pueden variar según el tipo de combustible y las condiciones del mercado.

Durante la última semana de agosto, por ejemplo, Hacienda estableció estímulos fiscales de 22.83% para la gasolina de menor octanaje, 6.01% para la gasolina de mayor octanaje y 81.50% para el diésel, de acuerdo con las disposiciones publicadas en el Diario Oficial de la Federación.

Estas medidas forman parte de la estrategia gubernamental para reducir la transmisión de los aumentos internacionales del petróleo y sus derivados a los precios internos. Sin embargo, la evolución de la inflación energética también depende de otros factores, como el tipo de cambio, los costos de distribución y las condiciones de oferta y demanda.

El contraste internacional fue considerable. La OCDE informó que en agosto los precios de la energía registraron incrementos en 28 de los 37 países con información disponible, mientras que solamente nueve economías reportaron una disminución de su tasa de inflación energética respecto del mes anterior.

La presión fue particularmente significativa en algunas economías europeas. En la zona euro, la inflación energética alcanzó 14.3% anual, su nivel más elevado desde enero de 2023, contribuyendo al aumento de la inflación general de la región.

En el conjunto de la OCDE, la inflación general pasó de 4.1% en julio a 4.3% en agosto. El organismo señaló que este incremento estuvo relacionado principalmente con el repunte de los precios energéticos, mientras que la inflación alimentaria se moderó a 2.8%.

En México, aunque el componente energético mostró una variación relativamente contenida, la inflación general aumentó de 3.12% en julio a 3.26% en agosto. Esta diferencia demuestra que una menor presión en los combustibles no necesariamente se traduce en una reducción inmediata del costo total de la vida.

Los hogares también enfrentan variaciones en los precios de alimentos, mercancías y servicios, rubros que responden a dinámicas distintas y que influyen directamente en el poder adquisitivo.

Por otra parte, los estímulos fiscales implican una reducción de los ingresos tributarios que el Gobierno podría obtener por la venta de combustibles. La propia Secretaría de Hacienda informó que, entre enero y agosto, la recaudación del IEPS correspondiente a gasolinas y diésel disminuyó 5% en términos reales anuales, situación que vinculó con la aplicación de estos apoyos.

Esto plantea un equilibrio para las finanzas públicas: moderar los precios que pagan los consumidores sin perder de vista el costo fiscal de mantener los incentivos durante periodos prolongados.

El comportamiento de los energéticos seguirá siendo uno de los principales indicadores económicos por observar durante los próximos meses, especialmente ante la volatilidad de los mercados internacionales y su posible impacto en el transporte, la actividad productiva y los precios al consumidor.

Aunque México presentó una de las variaciones energéticas más contenidas de la OCDE en agosto, la evolución futura dependerá tanto de las condiciones internacionales como de las decisiones fiscales que adopte Hacienda para administrar los estímulos a los combustibles.