México se prepara para nuevas reglas comerciales de EU y busca reducir aranceles clave
Marcelo Ebrard advirtió que Washington avanza hacia un esquema diferenciado de aranceles que podría afectar a las industrias automotriz, acerera y de aluminio mexicanas.

México se encuentra ante una nueva etapa en su relación económica con Estados Unidos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anticipó que Washington avanza hacia un sistema comercial diferente, que podría tomar mayor forma antes de terminar 2026 o a principios de 2027 y modificar las condiciones con las que distintos países acceden al mayor mercado de importaciones del mundo.
La advertencia llega en un momento especialmente sensible para las empresas mexicanas. Estados Unidos ha ampliado durante 2026 el uso de aranceles y medidas comerciales vinculadas con la Sección 232, una herramienta legal que permite establecer restricciones a determinadas importaciones cuando son consideradas un riesgo para la seguridad nacional. Acero, aluminio, cobre, automóviles y otros sectores estratégicos han quedado involucrados en este proceso.
Para México, la prioridad inmediata está en tres industrias profundamente integradas con Estados Unidos: automotriz, acero y aluminio. Ebrard explicó que el gobierno mexicano mantiene negociaciones para reducir el impacto de los gravámenes aplicados bajo la Sección 232 y evitar que los productores nacionales queden en una posición menos favorable frente a competidores de otros países.
El escenario se ha vuelto más complejo porque Washington no está negociando exactamente las mismas condiciones con todos sus socios. Durante el año ha establecido tratamientos diferenciados y acuerdos con economías como Japón, Corea del Sur y miembros de la Unión Europea. En algunos productos, las modificaciones estadounidenses han llevado a esquemas donde determinados socios enfrentan tasas cercanas al 15%, mientras otras importaciones continúan sometidas a gravámenes considerablemente mayores.
Ahí se encuentra una de las principales preocupaciones mexicanas. México cuenta con el T-MEC y reglas de origen particularmente exigentes, sobre todo para el sector automotor. Si fabricantes de otras economías consiguieran entrar al mercado estadounidense pagando aranceles similares o inferiores sin cumplir requisitos equivalentes, las ventajas construidas durante décadas de integración norteamericana podrían reducirse.
Ebrard señaló que esa comparación forma parte de las conversaciones actuales. La discusión ya no consiste únicamente en determinar cuánto arancel paga México, sino en conocer qué condiciones recibirán sus competidores. Una diferencia de algunos puntos porcentuales puede influir en decisiones empresariales sobre dónde producir vehículos, componentes, acero u otros bienes destinados al consumidor estadounidense.
La administración de Donald Trump ha utilizado la Sección 232 para ampliar su política comercial a industrias consideradas estratégicas. Durante 2026, Estados Unidos reforzó medidas sobre acero, aluminio y cobre, mientras también ha desarrollado acciones relacionadas con automóviles, camiones, madera, productos farmacéuticos, semiconductores, minerales críticos y drones. Esto apunta hacia un esquema donde seguridad nacional, capacidad industrial y comercio exterior están cada vez más conectados.
La estrategia mexicana se mueve, por ello, en dos frentes. El primero consiste en negociar reducciones a los aranceles que ya afectan las exportaciones nacionales. El segundo es comprender y responder al nuevo modelo estadounidense mientras sus reglas todavía están tomando forma.
A esta discusión se suma el futuro del T-MEC. Las conversaciones comerciales entre México y Estados Unidos han continuado durante septiembre y octubre, mientras Washington prepara también su siguiente etapa de revisión del acuerdo. Ebrard ha insistido en que los temas comerciales se han mantenido principalmente en el terreno técnico, con discusiones sobre reglas de origen, acero, aranceles y condiciones de acceso al mercado.
El tamaño de la relación obliga a México a seguir esas decisiones de cerca. Las cadenas productivas de ambos países están conectadas en sectores donde una pieza puede cruzar varias veces la frontera antes de convertirse en un producto terminado. Una modificación arancelaria, por tanto, no necesariamente afecta solamente al exportador mexicano: también puede modificar costos para plantas estadounidenses que utilizan componentes producidos en México.
El panorama todavía no está cerrado. El propio Ebrard reconoció que varios elementos del sistema que prepara Estados Unidos permanecen sin definición y tendrán que conocerse conforme Washington anuncie nuevas medidas y concluya negociaciones con diferentes socios.
Para México, los próximos meses serán decisivos. Más que recuperar automáticamente el escenario comercial previo a los nuevos aranceles, el objetivo será preservar una ventaja relativa frente a otros proveedores de Estados Unidos. Las condiciones que finalmente obtengan Japón, Corea del Sur, Europa y otras economías servirán como referencia para medir cuánto conserva México de la posición preferencial construida bajo el T-MEC.

