Del frente de guerra a México: investigan posible transferencia de tácticas de drones a cárteles
La investigación señala a ciudadanos mexicanos y colombianos que habrían ingresado como voluntarios para adquirir conocimientos sobre drones, guerra electrónica y sistemas de reconocimiento.

Un reporte de inteligencia atribuido al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de México colocó bajo investigación la posible presencia de personas vinculadas con organizaciones criminales mexicanas dentro de unidades internacionales que combaten en Ucrania, donde habrían buscado adquirir experiencia en el manejo de drones utilizados en el campo de batalla.
La información, difundida este 7 de octubre, señala particularmente a individuos relacionados presuntamente con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa, quienes habrían ingresado a Ucrania bajo la apariencia de voluntarios para obtener conocimientos que posteriormente podrían ser trasladados a las operaciones criminales en México.
El reporte habría sido enviado por autoridades mexicanas al Servicio de Seguridad de Ucrania, conocido como SBU, después de que fueran detectados ciudadanos mexicanos y colombianos dentro de unidades internacionales con un interés particular por incorporarse a actividades relacionadas con aeronaves no tripuladas.
Uno de los casos que aparece en las investigaciones es el de un mexicano identificado con el alias de "Águila-7". Según los reportes citados en las investigaciones, habría ingresado a Ucrania en marzo de 2024 utilizando documentación salvadoreña presuntamente falsa y se presentó inicialmente como voluntario.
Su paso por Ucrania llamó la atención de instructores debido a los conocimientos técnicos que ya poseía. El hombre habría completado entrenamiento en Leópolis, donde mostró capacidades relacionadas con transmisores, sistemas de imagen térmica y medidas para contrarrestar mecanismos de guerra electrónica.
La investigación intenta establecer si ese conocimiento correspondía a una preparación previa adquirida en México y si su presencia en territorio ucraniano tenía como objetivo ampliar sus capacidades técnicas para posteriormente ponerlas al servicio de organizaciones criminales.
El interés por los drones no es menor para los grupos delictivos mexicanos. En distintos estados del país, organizaciones criminales han incorporado aeronaves no tripuladas para vigilancia, reconocimiento territorial y ataques con explosivos. En agosto pasado, por ejemplo, una operación federal contra una célula vinculada al CJNG en Jalisco y Michoacán terminó con el aseguramiento de un dron y un inhibidor de drones.
La evolución tecnológica observada en Ucrania agrega otro elemento a esa tendencia. Los drones FPV, controlados mediante una transmisión que permite al operador observar en tiempo real lo que registra la cámara de la aeronave, se han convertido en una herramienta habitual de la guerra entre Rusia y Ucrania. Su uso ha abarcado tareas de reconocimiento y ataques contra posiciones y vehículos.
Precisamente esa experiencia de combate es la que las investigaciones consideran de interés para organizaciones criminales. El objetivo atribuido a los presuntos operadores no sería simplemente adquirir un aparato, sino conocer técnicas desarrolladas en un escenario donde los drones han evolucionado rápidamente y son empleados junto con sistemas de guerra electrónica, reconocimiento y otras herramientas militares.
Un análisis publicado a finales de septiembre señaló que los cárteles mexicanos ya han avanzado en el empleo de drones comerciales y que organizaciones como el CJNG y el Cártel de Sinaloa han incorporado estas aeronaves a distintas actividades. El mismo estudio retomó el caso de "Águila-7" como uno de los ejemplos de una posible búsqueda directa de experiencia en el campo de batalla ucraniano.
Investigaciones periodísticas internacionales ya habían documentado desde 2025 la sospecha de que algunos ciudadanos mexicanos y colombianos se habían integrado a unidades internacionales en Ucrania con interés específico en obtener capacitación relacionada con drones. En ese momento, el caso de "Águila-7" fue identificado como uno de los principales focos de investigación.
La diferencia ahora está en la nueva difusión de un reporte atribuido al CNI y en la atención que vuelve a generar sobre la posibilidad de que conocimientos desarrollados durante la guerra sean aprovechados por organizaciones criminales fuera del teatro de operaciones.
Lo que sí está documentado es que el uso de drones ya forma parte de las capacidades empleadas por grupos criminales en México, mientras que Ucrania se ha convertido en uno de los principales escenarios mundiales para el desarrollo de tácticas con aeronaves no tripuladas. Esa combinación explica el interés de los servicios de inteligencia en detectar a posibles operadores que busquen trasladar conocimientos de un frente de guerra hacia las estructuras del crimen organizado.
La alerta adquiere además relevancia por el cambio que atraviesa la tecnología utilizada por los grupos criminales. El desafío para las autoridades mexicanas ya no se limita a localizar drones comerciales o decomisar aeronaves adaptadas, sino a identificar a las personas capaces de operarlas, modificarlas y utilizarlas dentro de estrategias más complejas.
En ese contexto, el caso de "Águila-7" representa una de las pistas que las investigaciones internacionales mantienen abiertas sobre la posible conexión entre la experiencia adquirida en la guerra de Ucrania y la evolución del uso de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas.

