La administración estadounidense ha endurecido los controles en la frontera
La administración estadounidense ha endurecido los controles en la frontera con México con el objetivo declarado de llevar los cruces irregulares a niveles mínimos, mientras las redes dedicadas al tráfico de personas recurren a túneles y sistemas de drenaje para intentar mantener sus operaciones. EFE/elsiglodetorreon

La política migratoria de Donald Trump ha entrado en una nueva fase. La administración estadounidense mantiene una estrategia de máxima presión en la frontera con México, con el objetivo declarado de reducir hasta niveles mínimos los cruces irregulares, mientras las organizaciones dedicadas al tráfico de personas buscan nuevas formas de atravesar una zona cada vez más vigilada.

El Gobierno de Estados Unidos sostiene que las medidas implementadas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca han provocado una caída histórica de los cruces en la frontera sur. La estrategia combina barreras físicas, vigilancia, mayores recursos para los agentes fronterizos, deportaciones y controles sobre quienes intentan ingresar al país de manera irregular.

El resultado ha obligado a las redes de tráfico de personas a modificar sus métodos. Una de las alternativas que ha cobrado relevancia son los túneles, estructuras que durante años fueron utilizadas principalmente para trasladar drogas y que ahora también aparecen vinculadas al movimiento clandestino de migrantes.

El fenómeno no es completamente nuevo en la frontera entre México y Estados Unidos. Durante décadas se han descubierto pasos subterráneos en distintas zonas, especialmente entre Baja California y California. Lo que ha cambiado es la sofisticación de algunas de estas estructuras y su posible conexión con otros sistemas subterráneos de las ciudades fronterizas.

Uno de los casos más recientes ocurrió en el área de San Diego, donde autoridades localizaron a 19 migrantes dentro de un sistema de alcantarillado, entre ellos tres menores que viajaban sin acompañamiento. El hallazgo permitió detectar una ruta que aprovechaba la infraestructura urbana para evitar los controles establecidos en la superficie.

El uso de estos espacios representa un desafío diferente para las autoridades. Mientras el muro y los sistemas de vigilancia concentran buena parte de sus capacidades en la superficie, los túneles permiten a los traficantes aprovechar estructuras ocultas y terrenos urbanos para intentar sortear los puntos de control.

Algunas de las construcciones descubiertas muestran además un nivel de planificación que va más allá de un simple pasadizo improvisado. Especialistas contratados por las organizaciones criminales han construido túneles con iluminación, ventilación y sistemas de rieles para facilitar el desplazamiento de personas y mercancías.

Uno de los ejemplos más llamativos fue localizado en la zona de Otay Mesa, en la frontera entre Tijuana y San Diego. El pasadizo tenía aproximadamente medio kilómetro de longitud, se encontraba a unos 17 metros de profundidad y contaba con un elevador hidráulico, ventilación y un sistema de rieles con pequeñas vagonetas.

La estructura estaba vinculada a un inmueble que aparentaba funcionar como un establecimiento comercial. Las autoridades estadounidenses detectaron movimientos que levantaron sospechas y posteriormente localizaron el acceso subterráneo. La operación también permitió decomisar una importante cantidad de cocaína que era transportada desde el lugar.

Este tipo de infraestructura evidencia que las redes criminales no dependen de una sola modalidad para atravesar la frontera. Cuando aumentan los controles en determinadas zonas, buscan modificar los puntos de entrada, utilizar vehículos, documentos falsos, caminos secundarios o estructuras construidas específicamente para evadir la vigilancia.

La presión sobre México también ha aumentado. Desde el regreso de Trump a la presidencia, Washington ha exigido a las autoridades mexicanas mayores acciones contra las redes dedicadas al tráfico de personas. El 26 de agosto, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pidió al Gobierno mexicano adoptar acciones consideradas decisivas contra la inmigración irregular.

La relación entre migración y seguridad fronteriza se ha convertido así en uno de los asuntos centrales de la relación bilateral. Para Washington, reducir los cruces irregulares forma parte de una política más amplia de control territorial y combate contra las organizaciones criminales que participan en el tráfico de personas y drogas.

En territorio estadounidense, la administración Trump ha presentado la reducción de los cruces como uno de los principales resultados de su política migratoria. La Casa Blanca asegura que durante el segundo mandato del presidente se han incrementado las deportaciones y las salidas voluntarias, además de reforzarse la vigilancia de la frontera sur.

Sin embargo, la disminución de los cruces en superficie no significa que las redes de tráfico hayan desaparecido. Su respuesta ha sido modificar las rutas y buscar espacios menos visibles para mantener el negocio.

Los túneles representan una de las expresiones más claras de esa adaptación. Algunas entradas han sido ocultadas dentro de viviendas, establecimientos abandonados o instalaciones comerciales, mientras que otras aprovechan conexiones con drenajes y sistemas de alcantarillado que permiten desplazarse por debajo de las zonas urbanas.

El costo de estas operaciones también refleja el nivel de organización de las redes. Los traficantes pueden cobrar miles de dólares por trasladar a una persona hasta Estados Unidos y asumir el control de diferentes etapas del recorrido, desde el traslado dentro de México hasta el cruce y la posterior movilización en territorio estadounidense.

Para los migrantes, estas rutas implican además riesgos adicionales. Los túneles pueden carecer de condiciones adecuadas de ventilación, iluminación y seguridad, mientras que los recorridos por sistemas de drenaje exponen a quienes los utilizan a inundaciones, gases, derrumbes y otras condiciones peligrosas.

La estrategia estadounidense, por su parte, continúa ampliándose. El Gobierno ha incrementado el número de agentes y recursos destinados a la frontera, mantiene la construcción y ampliación de barreras y utiliza herramientas tecnológicas para detectar movimientos en zonas de difícil acceso. La Casa Blanca sostiene que esta combinación ha permitido reducir los cruces irregulares a niveles históricamente bajos.

El escenario plantea una nueva carrera entre los mecanismos de vigilancia y la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales. Cada refuerzo en la superficie aumenta la presión sobre los traficantes, pero también los obliga a buscar métodos más complejos para mantener sus operaciones.

La frontera entre México y Estados Unidos se encuentra así ante una transformación que va más allá del muro. El combate contra la migración irregular se desarrolla ahora también en espacios subterráneos, donde las autoridades deben localizar estructuras ocultas, identificar a quienes las construyen y desarticular las redes que las utilizan.

Mientras Trump mantiene su promesa de llevar los cruces irregulares hacia cero, los túneles muestran que el fenómeno migratorio no desaparece simplemente con el reforzamiento de las barreras. Las rutas cambian, las organizaciones modifican sus métodos y la disputa por el control de la frontera adquiere nuevas dimensiones.

El reto para las autoridades estadounidenses será mantener la reducción de los cruces mientras enfrentan una modalidad de tráfico que aprovecha precisamente los puntos ciegos que dejan las medidas aplicadas sobre la superficie. Para México, el desafío está relacionado con el combate a las organizaciones que construyen y operan estas estructuras y con la cooperación bilateral para impedir que la frontera siga siendo utilizada como corredor clandestino.